La literatura egipcia

Una forma fascinante de acercarse al estudio del Egipto antiguo, y especialmente al de su pensamiento, es la literatura egipcia. Afortunadamente, además de las inscripciones monumentales realizadas sobre piedra, el particular clima egipcio ha permitido que se conserven soportes de escritura más perecederos, como el papiro. Conservamos papiros desde época muy antigua, datando el de mayor antigüedad que ha sido encontrado de la I dinastía (c. 3000-2890 a. C.). Se trata de un rollo de papiro en blanco, conservado en el interior de una caja, que perteneció a Hemaka, un oficial del rey Den. Aunque el papiro es el soporte de escritura que se asocia, por antonomasia, al Egipto antiguo, disponemos de textos escritos en otro tipo de materiales, como tablillas de madera, cubiertas o no de una capa de yeso en su superficie, o de piedra caliza. Mucho más abundantes son los llamados “óstraca” (del griego ὄστρακον, vasija de barro, o fragmento de vasija rota), fragmentos de cacharros de cerámica o trozos de piedra caliza. Eran utilizados generalmente para realizar borradores, evitando de este modo gastar papiro. Existen evidencias de su uso ya en el Reino Antiguo. Una especial concentración de óstraca de piedra caliza fue encontrada en Deir el-Medina, la aldea donde vivían los constructores de las tumbas del Valle de los Reyes, algo lógico, ya que al tener que excavar estas tumbas disponían de un gran volumen de fragmentos de piedra, a los que dieron uso, no sólo como soporte para la escritura, sino como material para construir sus casas, que en el resto del país eran hechas generalmente con adobes. El óstracon más grande conservado tiene escrita gran parte de la Historia de Sinuhé, de la que hablaré a continuación. Se trata de un fragmento de caliza de 31,5 x 88,5 cm, y se puede ver hoy en día en el museo Ashmolean de Oxford. Otros materiales utilizados para escribir fueron el cuero y el lino, sobre los que encontramos textos de distinto tipo, generalmente religiosos, como fragmentos del Libro de los Muertos.

Pero pasemos ya a la literatura egipcia. ¿Qué entendemos por literatura en el Egipto antiguo? Esta pregunta, que podría parecer baladí, no tiene una respuesta sencilla cuando hablamos del Mundo Antiguo. Generalmente, la tradición egiptológica ha agrupado todos los textos hallados en lengua egipcia bajo la denominación de literatura, siendo pues este término más amplio que lo que generalmente solemos entender como tal en lengua castellana. Hoy en día se realizan distinciones a este respecto, hablando de textos literarios y textos documentarios, pero la frontera entre ambos a veces es difusa, y su definición también. Por otra parte, si nos remitimos a los propios egipcios, no encontramos en lengua egipcia un término que pueda traducirse como “literatura”. Lo más cercano, según indica el egiptólogo James P. Allen [1] sería el siguiente término…

… que puede traducirse como “palabras bellas”, y que este egiptólogo relaciona con la expresión “bellas letras”. Con esta expresión se haría referencia al lenguaje más elaborado, utilizado en los textos escritos. En estos, en ocasiones, se han colado también rasgos de un lenguaje más coloquial, cuya investigación permite adivinar una diferencia entre el registro empleado generalmente en la escritura, y la forma de hablar de la gente de la época, algo que no ha de extrañarnos, ya que ni siquiera nosotros hablamos del mismo modo que escribimos.

Un aspecto que diferencia la literatura egipcia de la actual es la ausencia del nombre del autor de las composiciones en éstas. Conservamos, no obstante, los nombres de algunos autores, generalmente de las épocas más antiguas de la historia egipcia, como el Reino Antiguo o el Reino Medio, que fueron reverenciados en épocas posteriores, y cuyas obras se continuaron copiando siglos y siglos después. Así, han llegado a nosotros nombres como los de Ptahhotep, autor de unas máximas morales durante el Reino Antiguo, Neferti, autor de una profecía, o el propio rey Amenemhat I, que teóricamente escribió una serie de instrucciones para su hijo, el futuro Sesostris I, advirtiéndole de que no ha de fiarse de nadie. No obstante, éste puede considerarse como uno de los primeros cuentos de fantasmas de la historia, pues el rey describe su propia muerte y se dirige a su hijo desde el Más Allá.

Los egiptólogos, al estudiar la literatura egipcia, y por comparación con la teoría literaria actual, han dividido las obras que han llegado hasta nosotros en una serie de géneros, que no siempre son departamentos estancos. En líneas generales, podemos hablar de seis géneros, los textos religiosos, los textos de conocimiento, los cuentos, los textos históricos, la poesía, y lo que hoy consideraríamos como textos no literarios, como los tratados matemáticos o médicos.

De entre todos los textos conservados, hay uno que destaca por encima de todos, y que se ha comparado con El Quijote, para la lengua egipcia, ya que se trata de la obra clásica de la literatura egipcia, tanto por su lenguaje como por la forma en que el relato ha sido planificado y redactado. Se trata de la antes mencionada Historia de Sinuhé [2], que fue utilizada como texto escolar desde su composición en el Reino Medio, lo cual ha hecho que sean muchas las copias que han llegado hasta nosotros. Todas ellas están realizadas en escritura hierática, tanto sobre papiro como sobre óstraca. El relato transcurre entre el final del reinado de Amenemhat I (1985-1956 a. C.), que fue asesinado, como hemos visto arriba, y el de su hijo, Sesostris I (1956-1911 a. C.). El texto recuerda a las biografías de altos funcionarios de finales del Reino Antiguo, como la de Herkhuf, grabada en la fachada de su tumba en Qubbet el-Hawa (Asuán), pero presenta una serie de elementos que han hecho que los investigadores descarten que se trate de una biografía real. Entre estos, se encuentra el hecho de que Sinuhé aparece descrito, al comienzo del relato, como un cobarde y un traidor a su rey, algo que no aparece en las biografías halladas en las tumbas. El texto presenta además elementos de otros géneros, como la inclusión de un texto de alabanza al rey propio de los textos laudatorios que se inscribían en las estelas. La historia trata sobre un funcionario del rey que, cuando se entera, de forma fortuita, de que éste ha sido asesinado, se ve invadido por un gran terror, y decide huir de Egipto, sin que el motivo quede claro en el texto. Se dirige a la tierra de Retenu, en la franja siropalestina, donde un jefe extranjero, Amunenshi, lo acoge y lo casa con su hija. Sinuhé vive en el extranjero como un asiático más, hasta que recibe una carta del rey, Sesostris I, donde le dice que puede regresar a Egipto, y que no le ocurrirá nada si lo hace. Para un egipcio, estar fuera de Egipto era una situación caótica, y uno de sus mayores miedos era morir fuera de su país, ya que esto podía suponer el no poder gozar de una existencia en el Más Allá. Sinuhé regresa finalmente a Egipto, donde Sesostris I le concede bienes para que goce de una vida desahogada los años que le quedan, y manda construir para él una tumba en la necrópolis, lugar donde se inscribiría esta biografía ficticia. En esta trama se entrelazan toda una serie de elementos muy interesantes, como la lucha que tiene lugar contra el llamado “campeón de Retenu”, un gigante que le disputa a Sinuhé todos sus bienes mientras éste está viviendo en la franja siropalestina, y al que vence pese a lo desigual del combate. Este topos literario lo encontramos igualmente en la Biblia, en el combate de David contra el filisteo Goliath, que curiosamente transcurre en una región geográfica similar.

A modo de curiosidad, podemos advertir que esta Historia de Sinuhé no tiene nada que ver con la novela Sinuhé el egipcio de Mika Waltari. No obstante, Waltari conocía la literatura antigua, y a lo largo de la novela encontramos referencias a diversos textos, como la historia de Tabubu del primer cuento demótico de Setne Khamwas (del que hablaré en detalle en otro artículo), que aparece en la novela con el nombre de la mujer como Nefer Nefer Nefer, o la historia de la “recolección” de piedras a cambio de favores sexuales, que aparece en el libro II de la Historia de Heródoto, quien debió oírla como tradición oral durante su viaje a Egipto.

En este artículo hemos visto de forma sumamente somera algunos aspectos generales de la literatura egipcia, pero tras redactarlo me doy cuenta de que el lector atento se quedará con ganas de más. Así pues, no será éste el último artículo en el que hablaré sobre este interesante tema. En las próximas semanas, no obstante, veremos las distintas escrituras egipcias, y aprenderemos los fundamentos de la escritura jeroglífica y la lengua egipcia, comenzando a leer algunas inscripciones sencillas, que se pueden encontrar en la exposición El enigma de la momia del MARQ.

[1] ALLEN, J. P., Middle Egyptian. An Introduction to the Language and Culture of Hieroglyphs, Cambridge 2000, p. 241.

[2] Un análisis muy interesante, acompañado de una traducción directa del texto egipcio, pueden leerse en GALÁN, J. M., Cuatro Viajes en la Literatura del Antiguo Egipto, Madrid 2000, pp. 61-127.
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