La evolución de la lengua egipcia.

“Decíamos ayer…”, emulando a Fray Luís de León, es quizá la mejor forma de comenzar nuevamente tras unas semanas de ausencia. Recapitulando, en el artículo anterior habíamos visto las distintas fases en las que se puede dividir la evolución de la lengua egipcia en forma de esquema. El objetivo del artículo de hoy es comprender mejor esta evolución, por medio de una serie de ejemplos prácticos. Cuando hablamos de evolución lingüística el elemento esencial que entra en juego es el tiempo, un concepto que manejamos muy a menudo con excesiva ligereza, y sin llegar a comprenderlo plenamente. ¿Qué quiero decir con esto? Al tratar sobre aspectos históricos que son ajenos a nuestro propio devenir vital, podemos hablar de periodos largos de tiempo sin ser realmente conscientes de lo que éstos implican. En el caso de la lengua egipcia, tratamos con una evolución lingüística milenaria. Desde la fase clásica de esta lengua, en torno al 2000 a. C., hasta los inicios de la lengua copta en el s. I d. C. transcurrieron dos mil años en los que la lengua egipcia fue hablada por millones de individuos de distintas procedencias, de distintos estratos sociales, y de distintas regiones. A lo largo de este periodo la visión egipcia del mundo fue cambiando, las ideas religiosas evolucionaron, y los modos de pensar sufrieron modificaciones igualmente, que afectaron a la forma de expresarse que tenían los egipcios, ya que el lenguaje es un producto, al igual que el pensamiento, de la mente.

Un ejemplo práctico nos permitirá ver lo que suponen dos mil años en la evolución de una lengua hablada en un territorio sometido a distintas influencias culturales. Entre el latín de Julio César y el español que hablamos hoy en día ha tenido lugar, precisamente, una evolución de dos mil años. Vayamos a la estantería y tomemos uno de esos antiguos métodos de latín, abriéndolo por una de las primeras páginas. Leemos:

Agricola cervam sagitta vulnerat

… es decir, “el campesino hiere la cierva con una saeta”. Un vistazo rápido a esta frase en latín y castellano nos permite advertir toda una serie de diferencias, pero también similitudes, entre ambas lenguas, separadas por una evolución lingüística similar a la que existente entre el egipcio medio y el copto. En primer lugar, la colocación habitual del verbo es distinta, yendo generalmente en castellano tras el sujeto, mientras que en latín su posición normal es al final de la frase. Asimismo, un aspecto diferenciador principal es la declinación de los sustantivos en latín. Así pues, el sujeto, “agrícola”, aparece en nominativo; el objeto directo, “cervam”, en acusativo; y el complemento circunstancial de instrumento, “sagitta”, en ablativo. Una serie de marcas, como la “m” del acusativo singular de la primera declinación, nos indican de qué caso se trata. En castellano la función de estos sustantivos se indica mediante su posición en la frase con respecto al verbo, así como a través del uso de preposiciones, como en este caso “con”, para el complemento circunstancial de instrumento.

Regresando a la lengua egipcia, la evolución que se da en ella es similar a la que acabamos de ver para el latín y el castellano. El latín es una lengua sintética, es decir, que tiende a utilizar un mayor número de morfemas para expresar el significado deseado, frente al español, que es una lengua analítica, en la que este significado es expresado mediante palabras independientes. Tomemos ahora la frase “El escriba escucha mis enseñanzas” en egipcio medio y en copto:

En la primera línea vemos esta frase escrita en jeroglíficos, y bajo ella su transliteración, es decir, la representación gráfica de los sonidos que las palabras escritas en jeroglíficos representan. Por último, tenemos la misma frase escrita en copto, que como vimos en el artículo anterior, es la última fase en la evolución de la lengua egipcia, y utiliza el alfabeto griego más seis o siete letras (según el dialecto) tomadas de la escritura demótica. Aunque lo veremos con más detalle en los próximos artículos, cabe destacar en este punto que la escritura jeroglífica no escribe las vocales, por lo que hoy en día lo que conservamos es la estructura consonántica de esta lengua. La pronunciación del egipcio antiguo, pues, no se conoce con exactitud, aunque a partir de las palabras egipcias presentes en otras lenguas, como el acadio o el hebreo, así como la comparación del egipcio con otras lenguas de la familia afroasiática, y a través del copto, donde sí que aparecen las vocales, los estudiosos de la lengua egipcia han logrado reconstruir parte de esta pronunciación. En Egiptología, como convención, se suele intercalar una vocal ‘e’ entre las consonantes para poder pronunciar las palabras. Así pues, esta frase se leería como: “sedjem sejau en sebaiti”.

Ahora desmontemos la frase para ver sus distintos elementos:

En azul aparece el verbo “escuchar”, en rojo la palabra “escriba”, y en morado el término “enseñanza”. Podemos ver cómo, al igual que ocurría en el caso del latín y el castellano, entre el egipcio medio y el copto se ha producido un cambio en la posición del verbo en la frase. Si en egipcio medio la posición normal era al comienzo de la frase, con el sujeto detrás, en copto este orden se ha invertido, y el sujeto va delante del verbo. El objeto directo “mis enseñanzas” permanece en un segundo término, y en egipcio medio es introducido por la preposición “n”, que en copto ha pasado como “e”. Lo que aparece en amarillo es un pronombre sufijo que indica quién es el poseedor de las enseñanzas, y en este caso es un pronombre de primera persona singular, “mis enseñanzas”. En egipcio medio este pronombre se colocaba detrás de la palabra a la que acompañaba, mientras que en copto se sitúa delante. Finalmente, podemos advertir dos elementos en negro en la frase en copto, que no aparecen en egipcio medio. Se trata del artículo definido, para “el escriba” y “las (mis) enseñanzas”. En egipcio medio no existen los artículos. Este tipo de palabras aparece ya en la fase del egipcio tardío a partir de los demostrativos “este”, “esta” y “estos”. En copto, además, tenemos artículos indefinidos, que derivan del numeral “uno”.

Así pues, podemos ver como en la fase copta la lengua egipcia, al igual que el castellano con respecto al latín, es una lengua más analítica, que hace uso de más elementos para afinar el significado de la frase. El estudio de las distintas fases de la lengua egipcia es muy interesante a nivel lingüístico, pero nos aporta además toda una serie de datos que son útiles, por ejemplo, para datar textos. Un ejemplo interesante en este sentido es la Piedra de Shabaqa, conservada en el Museo Británico (BM EA 498), un bloque de piedra en el que el rey Shabaqa, de la XXV dinastía (747-656 a. C.) mandó inscribir un texto que decía haber encontrado comido por los gusanos. Este texto habla de la creación del mundo por el dios Ptah, el dios patrón de Menfis, la capital del Reino Antiguo. La pretensión inicial era que este texto era un texto muy antiguo, pero el análisis del mismo ha mostrado que se trata de una composición más bien tardía, ya que presenta rasgos de egipcio tardío pese a su carácter arcaizante. Este deseo de remitirse al pasado y vincularse a él es una maniobra política muy propia, especialmente, del primer milenio a. C., en que se rescatan y copian monumentos y textos antiguos, o se recrean imitando las características del pasado. Pero esto es otra historia que daría para muchos otros artículos…

La semana que viene, para contrarrestar el carácter más denso que han tenido las explicaciones de hoy, hablaremos de un tema muy interesante, a la par que entretenido, la literatura egipcia. Conoceremos qué se entiende por literatura cuando hablamos de Egipto, cuáles eran los “bestsellers” de la época, y qué géneros existían, entre otros aspectos.

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Addenda et Corrigenda: Debido a las maravillas de la informática, en la frase en jeroglíficos en lugar de un alef en la palabra sbAyt, aparecía un ayin, ya que el código en el programa WinGlyph para ambos signos es la misma letra en mayúsculas y minúsculas. La errata ha sido ya subsanada, y quiero dar las gracias por advertirme de su existencia a M. Engracia Muñoz Santos. ¡Con lectores tan atentos da gusto escribir!

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3 comentarios sobre “La evolución de la lengua egipcia.

  1. Denso ha sido, pero también muy claro e ilustrativo. Nunca nadie se había parado a compararme el Egipcio Medio con su evolución gramatical en Copto. Y claro, quien iba a ser sino tú? Me ha encantado. Plas, plas, plas…

  2. Ya sabes, tienes una fan que te seguirá leyendo :-). El artículo es muuuy interesante!!! Espero con ganas del próximo!!

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