Egipto en Besançon

El antiguo Egipto está representado en las colecciones del Musée des Beaux-arts et d’Archéologie de Besançon mediante una colección variada y de bella calidad que consta de cerca de 300 objetos, en su inmensa mayoría procedentes de sepulturas, como es habitual en esta clase de colecciones.  El conjunto abarca todos los periodos desde el Antiguo Imperio hasta la época copta, con piezas más numerosas para los periodos tardíos,  Tercer Periodo Intermedio y Baja Época (alrededor de los años 1000 – 300 antes de  J.-C).

La ciudad de Besançon poseía piezas egipcias ya antes de disponer de un museo para acogerlas. La Biblioteca municipal, famosa por ser la primera colección pública de Francia con su apertura al público en 1694, fue también la primera en albergar, en el seno de un fondo rico y variado, algunas piezas procedentes de Egipto. Fue en 1819, con el legado de la colección de Pierre-Adrien Pâris, cuando los primeros objetos egipcios ingresaron en esta venerable institución. Aunque secundarias en relación con el resto de la colección, las antigüedades egipcias cuentan con algunas piezas hermosas, como una cabeza de gata en bronce o dos pectorales semi-circulares en cartonaje.

En 1832, un erudito, el barón Taylor, ofrece a la biblioteca algunas obras y un recuerdo de Egipto : la momia y el sarcófago de Ankhpakhered. Esta es la última pieza que se le ofrece a la biblioteca, porque en los siguientes años se crea el museo, que recibirá las sucesivas donaciones.

En 1849, en el primer piso del Mercado del Grano se crea un museo arqueológico junto al de pintura –edificio que hoy sigue ocupando el Musée des Beaux-arts et d’Archologie. De aquella época data lo que hoy queda de la pieza más destacada de las colecciones egipcias : los sarcófagos y la momia de Seramón. De cómo llegó al museo nos informa una correspondencia llena de lagunas cuya interpretación invita al vuelo de la imaginación.

La egiptomanía llega a su apogeo precisamente en la segunda mitad del siglo XIX, en plena epopeya colonial. El viaje a Egipto, imaginario o real, alimentará los ensueños de varias generaciones, a menudo a costa de anacronismos. Sus representaciones literarias o artísticas permiten satisfacer los deseos de un amplio público al que el romanticismo ha contagiado el gusto por las especies raras, los colores violentos, las sonoridades extrañas.

Pero volvamos a la historia de Seramón. En 1850 pertenecía a un tal M. Reynes, artista pintor del que no ha quedado ni un rastro pictórico… Lo demás nos lo cuenta Stéphane Mallarmé, entonces destinado en Besançon, de cuyo instituto fue profesor de inglés desde noviembre de 1866 hasta noviembre 1867. Una carta que el poeta envió desde Avignon el 3 de mayo de 1868 a su amigo Cazalis  nos informa de que aquel M. Reynes, encaprichado de un actriz llamada Isabelle (de la que no sabemos más que lo que cuenta Mallarmé) la siguió en sus giras hasta Besançon, llevando en su equipaje a Seramón. Al llegar a esta ciudad le pide al nuevo museo de arqueología que durante su estancia guarde en depósito la momia, pero poco después fallece. El museo conserva la momia y emprende alguna restauración. En los años siguientes el hermano y la hermana del muerto intentan recuperar la momia, pero la ciudad de Besançon reclama el reembolso de los gastos, entonces estimados en 400 francos, y finalmente la transacción no se formalizó. Así que fue mediante un depósito provisional seguido de abandono como Seramón se incorporó a las colecciones del museo.

Luego se transfieren las colecciones de la Biblioteca al museo. Y no cabe duda de que la presencia desde el origen de objetos importantes estimulara los depósitos y le permitiera a Besançon ir  progresivamente reuniendo un fondo rico y variado. Fue así como en 1890 los museos nacionales depositan en el museo un centenar de objetos egipcios que vienen a completar el fondo existente. Así llegan a Besançon otros dos sarcófagos, de los que hoy sólo quedan las cubiertas.

Finalmente en los años 1980 varios museos de la región, Belfort, Vesoul y Montbéliard, depositan sus colecciones en Besançon. Dotado entonces con cerca de 300 objetos, el museo organiza en 1990 la exposición « Loin du sable » (lejos de la arena), que muestra al público todas las colecciones procedentes de Egipto, desde el Antiguo Imperio hasta  la época romana, así como una serie de objetos significativos de cierta Egiptomanía, falsos o inspirados en motivos egipcios. Esta exposición fue la última antes de   « La momie aux amulettes » (la momia de los amuletos), organizada en 2008 por Agathe Legros –entonces conservadora del museo de Besançon encargada de la arqueología–, de la que la manifestación alicantina constituye una importante prolongación. Atestigua la atracción que el antiguo Egipto ejerce, hoy como ayer, sobre nuestra imaginación.

http://www.besancon.fr/

http://www.musee-arts-besancon.org/

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