De la lengua a la escritura en el Egipto antiguo.

Tras un interludio de una semana, regreso con un nuevo “capítulo” en esta serie de reflexiones que estamos realizando en torno a la lengua y las escrituras egipcias, y el mundo que las rodea. La causa de la ausencia de artículo la semana pasada es que actualmente me encuentro, precisamente, en Egipto, trabajando en un proyecto arqueológico en la antigua ciudad egipcia de Saïs (actual Sa el-Hagar, en el Delta del Nilo), lo cual me deja poco tiempo para preparar estos artículos, y supone además un problema a la hora de subirlos a Internet, dada la exasperantemente lenta velocidad de conexión que puedo obtener aquí. Aprovechando pues una conexión favorable, cuelgo este artículo hoy miércoles, en lugar del jueves acostumbrado. Dejando a un lado estos problemas, no obstante, ¿qué mejor entorno para escribir sobre Egipto, que el propio Egipto?

Antes de empezar con el artículo de hoy quisiera realizar una puntualización sobre el enfoque que estoy siguiendo en estos escritos. Como sabéis ya por los artículos anteriores, antes de entrar en el meollo de los temas a tratar, me gusta reflexionar un poco sobre los mismos. Se trata de dar una pequeña vuelta de tuerca a estos asuntos, de aguijonear nuestra capacidad de razonamiento para intentar comprenderlos mejor, e ir más allá de lo que se puede encontrar en cualquier libro. Dicho esto, entremos en materia.

Hasta ahora hemos venido hablando sobre las características de la lengua egipcia y sobre cómo ésta evolucionó a lo largo de la Historia, y nos hemos acercado de forma introductoria a la literatura escrita en esta lengua. Entre ambos elementos, lengua y literatura, no obstante, nos falta por explorar una pieza clave, el elemento fundamental que nos permite acceder al estudio de los dos primeros. Estoy hablando de la escritura. La lengua egipcia no sería accesible a nosotros si no hubiese sido puesta por escrito, y su literatura, si hubiese sido transmitida únicamente de forma oral, no habría llegado hasta nosotros salvo, quizá, de forma indirecta a través de relatos inseridos en otras fuentes. Afortunadamente, como he venido diciendo en los artículos anteriores, los egipcios nos dejaron multitud de textos escritos sobre diversos soportes, que nos permiten emprender este estudio, tanto, digamos, del contenido (el texto en sí, lo que dice), como del continente (tanto la lengua utilizada como el sistema de escritura empleado para plasmar la primera por escrito).

A la hora de enfrentarnos a este análisis, no obstante, hemos de ser conscientes de qué supone la puesta por escrito de un texto, y conocer, por tanto, todo aquello que lo rodea, es decir, su contexto. Nuestro material de trabajo en la filología egipcia es, precisamente, el corpus de textos que nos han legado los egipcios antiguos. Como veíamos en el artículo anterior, este corpus es variopinto, y responde a muchas motivaciones distintas. Plantea, por lo tanto, una serie de cuestiones que han de ser tenidas en cuenta por el investigador. En lo que se refiere al estudio de la lengua egipcia a partir de los textos, un problema que nos surge es la correspondencia existente entre la lengua que aparece plasmada en el texto, y la lengua que realmente se hablaba en esos momentos en Egipto. Como indica el egiptólogo Richard Parkinson [1], hacia finales del Reino Antiguo la lengua y la escritura diferirían ya enormemente. Con la adopción del Egipcio Medio como lengua clásica, esta divergencia se haría incluso mayor en fases posteriores (vid. “La evolución de la lengua egipcia” para las diferencias entre el Egipcio Temprano y el Egipcio Tardío). No obstante, como indicaba ya en el artículo anterior, existen elementos propios de la lengua hablada inseridos en los textos escritos en Egipcio Medio en periodos posteriores al Reino Medio, que nos permiten asomarnos a la realidad lingüística de cada momento.

Otro aspecto problemático que presenta el estudio de la lengua egipcia a partir de las fuentes escritas es la fonética, es decir, cómo se pronunciaba esta lengua, y cómo estos sonidos han sido codificados por escrito. Como vimos en los ejemplos propuestos para estudiar la evolución de la lengua egipcia, en Egiptología se emplea un sistema de transliteración para representar los sonidos correspondientes a los signos utilizados en la escritura. Este sistema no deja de ser una convención, creada a finales del s. XIX por el egiptólogo alemán Adolf Erman, para sustituir la forma de representar los sonidos de la lengua egipcia utilizada desde Champollion y hasta entonces, la escritura copta. Erman fue el primer egiptólogo que se dio cuenta de la existencia de distintas fases en la lengua egipcia, siendo el primero en publicar una gramática específica para una de estas fases, el Neoegipcio. El sistema de transliteración creado por Erman se podía aplicar a todas las fases de la lengua egipcia como un elemento externo a la misma, carente de las implicaciones que el uso de la escritura copta presenta en cuanto a cambios de pronunciación y a la existencia en las fases anteriores de la lengua egipcia de fonemas que en copto no aparecen, o se confunden con otros.

Pero, ¿cómo se llegó inicialmente a la correspondencia entre signos y sonidos, entre escritura y lengua, al fin y al cabo? Es ésta una cuestión que nos transporta a la Antigüedad, al momento en que se “inventa” la escritura, siempre con el objetivo de plasmar una lengua. La invención de la escritura es un proceso de reflexión sobre la propia lengua, que se puede abordar desde varios ángulos y va evolucionando en función de las necesidades y a causa elementos influyentes internos y externos a la propia lengua. ¿De qué se compone una lengua? Ideas, frases, palabras, sílabas, fonemas… Este desmenuzamiento de la lengua en distintos niveles es lo que dará lugar a diversos tipos de sistemas de escritura, desde los ideográficos, en los que los signos son utilizados para representar ideas, que pueden llegar a constituir frases con sentido completo, hasta las escrituras alfabéticas, en las que cada signo representa un único sonido. En las escrituras egipcias, como veremos la próxima semana al estudiar en detalle la escritura jeroglífica, están presentes varios de estos niveles de análisis al mismo tiempo, y por tanto este sistema de escritura se ha clasificado como logosilábico, es decir, logográfico por un lado (del griego λóγος, “palabra”) y silábico, es decir, cuyos signos representan sílabas.

En el caso de la lengua egipcia, su codificación se realizó omitiendo la representación de las vocales, como apunté anteriormente. Esto dificulta nuestro conocimiento sobre cómo sonaba realmente, pero contamos con algunos elementos, además de textos con palabras egipcias en otras lenguas, que nos permiten asomarnos a estos aspectos. Richard Parkinson, en la obra antes citada [2], nos ofrece un ejemplo interesante sobre esto. Se trata de un fragmento de un papiro del siglo II d. C. escrito con caracteres griegos y demóticos (de forma muy similar a la escritura copta), que presenta, pues, vocales, ya que la escritura griega sí que tiene caracteres para estos fonemas. El comienzo del papiro, según el sistema de transliteración utilizado en Egiptología, sería el siguiente.


No obstante, en el papiro aparece la siguiente transcripción del egipcio:

Lo que vemos aquí es cómo se pronunciaría esa fórmula (al menos en el s. II d. C.), y el motivo por el que fue escrita de esta forma, incluyendo las vocales, puede haber sido la voluntad de que, dado el carácter mágico del texto, no hubiese confusiones a la hora de pronunciarlo, evitando así que dejase de ser efectivo, o que pudiese tener efectos adversos.

Tras todo lo dicho arriba, la conclusión a la que llegamos, y que hemos de tener en mente siempre que nos enfrentemos al estudio de un sistema de escritura, es que jamás existe una correspondencia completa entre la lengua hablada y lo representado mediante la escritura. Ni siquiera en el caso de nuestro alfabeto se crea una correspondencia completa. Por ejemplo, en castellano, para representar algunos sonidos hemos de recurrir a combinaciones de signos, en lugar de disponer de un signo distinto para cada fonema de la lengua. Es el caso de la “ll” o la “rr”, o del sonido “sh”.

Pertrechados de estos conocimientos, estamos ya preparados para entrar en el estudio de los sistemas de escritura egipcios. En primer lugar tenemos la escritura jeroglífica, que procede de la denominación griega hieroglyphikà grámmata, es decir, “letras sagradas grabadas”. Los primeros ejemplos de la misma se han encontrado en etiquetas de hueso halladas en la tumba U-j de Abydos, que datan de en torno al 3100 a. C., en las que se indica el contenido de vasijas de almacenaje, y que muestran ya un sistema de escritura con los rasgos que tendrá posteriormente. El uso de este sistema de escritura tiene lugar sobre todo en inscripciones monumentales, donde los signos adquieren una gran belleza y pueden estar pintados. La última inscripción jeroglífica data del 24 de agosto del año 394 d. C., y fue realizada en el templo de Philae. Una versión simplificada de la escritura jeroglífica son los llamados jeroglíficos cursivos, que podemos ver en papiros como los del Libro de los Muertos del Reino Nuevo.

La escritura hierática (de hieratikà grámmata, “letras sacerdotales”) es una simplificación de los jeroglíficos, en la que éstos son todavía reconocibles en la mayoría de los casos, utilizada sobre todo al escribir con cálamo y tinta, sobre papiro u óstraca, principalmente. Comenzó a utilizarse casi paralelamente a la escritura jeroglífica, demasiado detallada para ser empleada en asuntos prácticos, como la administración de un estado incipiente que pronto adquiriría una gran complejidad.

La escritura demótica (de dēmotikà grámmata, “letras del pueblo”) supone una simplificación todavía mayor a partir del hierático, alejada ya tanto de los jeroglíficos que no se suele transcribir a estos, y se caracteriza por el mayor uso de signos fonéticos y de ligaduras de signos. Comenzó a utilizarse en el s. VII a. C. hasta el s. V d. C. La última inscripción demótica se encuentra también en el templo de Philae, y data del 2 de diciembre del año 452 d. C.

Para comprender la evolución de un sistema a otro, veamos la siguiente imagen:

En ella podemos leer el nombre griego Ptolomeo escrito en jeroglíficos, en hierático y en demótico. Si comparamos los signos jeroglíficos con los hieráticos, podremos reconocer la correspondencia existente entre unos y otros, tomando el hierático las líneas principales que componen cada jeroglífico. En el caso del demótico los signos jeroglíficos son ya irreconocibles.

Y de momento lo dejamos aquí (aunque como siempre, quedo a la espera de las dudas y consultas que queráis plantearme). A partir de las próximas semanas iniciaré una serie de artículos en los que veremos en detalle cada uno de estos sistemas de escritura, su funcionamiento, y leeremos algunos fragmentos de textos. Esto nos servirá para retomar el tema de la literatura, y conocer más detalles sobre lo que los egipcios nos dejaron por escrito.

[1] PARKINSON, R., Cracking Codes. The Rosetta Stone and decipherment, Berkeley y Los Ángeles 1999, p. 48.

[2] PARKINSON, R., Cracking Codes. The Rosetta Stone and decipherment, Berkeley y Los Ángeles 1999, p. 54.

* * * * *

Addenda et Corrigenda: Agradezco a Sofía Torallas la indicación de la existencia de una errata en el texto hieroglyphikà grámmata.

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10 comentarios sobre “De la lengua a la escritura en el Egipto antiguo.

  1. Me ha parecido precioso tu artículo… Como decían los antiguos romanos “olet lucernam”. Utilizaban esta frase para referirse a aquellos escritos en los que se percibía el trabajo de fondo, las horas de estudio dedicadas… Tu trabajo destila ese olor a velita nocturna de mesa de trabajo…de la que hablan los antiguos. Volveré a leerlo pues me interesa mucho el tema y, sobre todo, para los asuntos de las literaturas comparadas. Doy clases de literatura y todo esto que leo en tu artículo es interesantísimo. Gracias, Radhis Curí.

  2. Muy buena tu pagina, super interesante, la lengua original era una sola, luego aparecieron las demas lenguas para que se olvidaran de la primera lengua madre. Estoy en facebook con el nombre de SILVIA BERBOTTO, tu me enviaste tu link a la pagina. Gracias.

  3. Me ha gustado el ejemplo que has tomado de Parkinson sobre los fonemas. Tal vez más adelante amplies esta información sobre la fonética de la lengua egipcia.

    Un saludo

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