La semana pasada veíamos distintos aspectos referentes a la forma de los signos jeroglíficos. Otro elemento cuyo estudio resulta interesante cuando hablamos de la escritura jeroglífica es el color. No obstante, es éste un aspecto que en muchos casos no tenemos en cuenta, ya que un gran número de inscripciones, por hallarse en el exterior, ha perdido su coloración. El color, sin embargo, era considerado por los egipcios como parte de la esencia de la imagen representada. La palabra egipcia para color era:
Archivos de Agosto, 2010
La escritura jeroglífica es, sin ninguna duda, una de las más bellas creadas por el hombre a lo largo de toda la Historia. Cada uno de sus signos nos acerca a un aspecto del contexto vital de los egipcios antiguos, y nos permite conocer algo más sobre su cultura. Algunas inscripciones presentan tal perfección y detalle en la representación de los signos que pueden ser consideradas como verdaderas obras de arte, como las talladas en la Capilla Blanca de Sesostris I, en Karnak. En los signos de estas inscripciones, el plumaje de las aves presenta un detalle excepcional, los escarabajos están representados con una fidelidad anatómica sobresaliente, y cada signo, en definitiva, parece querer escapar de la piedra, pese a la falta de policromía, que se ha perdido y que añadiría todavía más viveza a cada uno de los jeroglíficos.
La contemplación de estas inscripciones nos ofrece una variopinta colección de signos, que fueron ya clasificados en categorías por los primeros viajeros que visitaron Egipto en el s. XVIII, en un deseo de racionalizar unas inscripciones que no se comprendían por aquel entonces, y se asociaban a misterios filosóficos. Uno de estos viajeros fue Carsten Niebuhr, que en su obra Reisebeschreibung von Arabien und anderen umliegenden Ländern (Copenhague 1774) ofrece una clasificación, siguiendo criterios objetivos basados en la forma de los signos, de los jeroglíficos que pudo ver durante su estancia en Egipto [1].

Tabla de Niebuhr con una serie de jeroglíficos clasificados según su forma. (Fuente: POPE, M., Detectives del pasado, Madrid 2003, fig. 28)













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